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CULTOS CUARESMALES Y SEMANA SANTA EN LA PUEBLA DE CAZALLA A
MEDIADOS DEL SIGLO XIX (1850-1.860)
José Cabello Núñez
REVISTA 1997
Durante el siglo XIX España vive una revolución liberal que dará
lugar a profundas transformaciones políticas, sociales, económicas
y culturales que supondrán la desaparición de la sociedad del
Antiguo Régimen. Cambios que alcanzarán a la Iglesia, que
resultará gravemente afectada por la desamortización y posterior
venta de sus bienes, por la exclaustración de frailes y la
desaparición de numerosas órdenes religiosas masculinas desde la
invasión napoleónica de 1.808, modificando la mentalidad y la
conducta tanto del clero como de los fieles.
En las primeras décadas del siglo XIX la práctica religiosa de la
centuria precedente, caracterizada por manifestaciones colectivas
de sentimientos piadosos, dio paso a una religión testimonial e
individual. Ya no se asistia a los servicios ni se participaba en
las procesiones de Semana Santa como antaño, llegando a
desaparecer muchìsimas cofradías: unas por falta de medios
económicos, otras por no contar con la autorización del poder
civil enfrentado al eclesiástico.
El cambio de gobierno que tuvo lugar en mayo de 1.844,
protagonizado por el general Ramón Narváez, inicia la conocida
como "década moderada" (1.844-1.854), que trajo consigo la firma
del Concordato con la Santa Sede en 1.851 y normalizaba las
relaciones del Estado con la Iglesia, gravemente deterioraradas
con los gobiernos liberales. El nuevo gobierno conservador hace
resurgir el tradicionalismo católico, mejorando notáblemente las
relaciones Estado-Iglesia. Se recupera el ceremonial litúrgico, y
las cofradías comienzan una nueva época de esplendor que se
reflejará en la celebración de sus cultos y procesiones con mayor
riqueza, convirtiéndose muchas de ellas en espectáculos populares
que, según decía un crítico de la revista "La Cruz" en 1.858,
estaban destinados a "satisfacer la curiosidad y como un
espectáculo que sirve de recreo y distracción.". La posterior
alternancia de gobiernos progresistas y conservadores culmina con
la Revolución de 1.868, que dará lugar a una nueva persecución de
la Iglesia, y la destrucción de conventos e imágenes provocará la
extinción de numerosas cofradias.
Mientras tanto, la Iglesia fomentaba la piedad popular haciendo
resurgir las misiones, ya que creia que estas proporcionaban el
mejor medio para lograr la restauración moral y religiosa, y
recuperar las buenas costumbres cristianas. Los párrocos, sobre
todo en las pequeñas poblaciones rurales, se enfrentaban a la
tarea de conseguir una verdadera autoridad, debiendo solicitar
incluso la cooperación de las autoridades locales para llevar a
cabo la vigilancia pastoral, una de sus funciones más importantes.
Como censor moral de la parroquia, tenia el deber de hacer cuanto
estuviese en su mano para evitar toda ocasión de tentación a los
feligreses, incluso, si fuera preciso, prohibiendo los bailes; del
cura también dependía conducir con decoro los servicios
religiosos, evitando la ostentación, y prevenir el
anticlericalismo, que se iba extendiendo entre la población
española desde 1.830.
Las cofradias de nuestro pueblo no fueron ajenas a este renacer de
las devociones y prácticas religiosas, que permitieron un
incremento notable del esplendor en la celebración de sus cultos
cuaresmales -esplendor que sería severamente criticado por el
clero local como veremos- y del exorno de sus pasos e imágenes.
Tampoco faltaron los conflictos por la forma en que tenían que
desarrollarse las procesiones en Semana Santa, debido a la
proliferación de incidentes contrarios al decoro exigible a este
tipo de asociaciones religiosas, que incluso dieron lugar a que se
dictaran medidas dirigidas a controlar el desenvolvimiento del
cortejo en la calle y la actitud del público, prohibiéndose que
los pasos se detuviesen al gusto de la hermandad y el canto de
saetas; comportamientos que daban un aire festivo a la Semana
Santa y que el párroco no estaba dispuesto a permitir. De esta
forma se dictan en nuestro pueblo las primeras Reglas o Normas
conocidas que regularán el desarrollo de las procesiones.
La existencia de dos documentos inéditos de la misma época (uno
conservado en el archivo parroquial, y otro en el Archivo General
del Arzobispado de Sevilla) reflejan todo cuanto hemos dicho, y
nos permiten conocer mucho mejor algunos aspectos de las
actividades de las cofradias de nuestro pueblo a mediados del
siglo XIX.
José
Cabello Núñez.
DOCUMENTO 1.-
Borrador de un escrito dirigido al Vicario General del Arzobispado
de Sevilla por el párroco D. José Maria Cazalla González,
quejándose de la forma en que desarrollan los cultos cuaresmales y
las procesiones las Cofradias locales. Sin fecha, aunque puede
datarse hacia 1.860. Se conserva en el archivo parroquial.
"La Venerable Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores,
Corona de Espinas y Siervos de Maria acostumbra todos los años
hacer un solemne Septenario y procesión en el dia en que termina
este, o sea la noche del Viernes de Dolores, mas como quiera que
los derechos que tiene el arancel parroquial fijados para el
expresado Septenario fueran establecidos a proporción del trabajo
que impensaba la Parroquia y los medios que contaba entonces la
expresada Cofradía, atendido a ser un pueblo de corto vecindario,
son muy cortos, pues que cada dia no contribuye mas que con 37
reales y 17 maravedis, siendo así que tiene Manifiesto por la
mañana y tarde, con asistencia del Beneficio y los Ministros con
ocupación por la mañana de hora y media, y por la tarde de tres
horas, hay Ministros que perciben dos reales, los monacillos medio
real y el campanero nada, no pudiendose ocupar en sus oficios por
que las funciones diarias les imbierte todo el tiempo y se me
quejan de que no pueden mantener a sus familias con la escasa
dotación que perciben de renta y los cortos emolumentos que les
produce la obención de estas festividades.
Esta cantidad tan pequeña que tiene fija en el arancel, dicen
que fue efecto de un convenio celebrado entre las Hermandades de
Nuestro Padre Jesus Nazareno, Patriarca Vendito Sor. San José y
la referida de Ntra. Sra. de los Dolores con el cura mi
antecesor porque entonces no tenian muchos fondos las Hermandades
y aun cuando tenian Manifiesto por la mañana no lo tenian por la
tarde y sus ejercicios eran tan cortos que invertian una hora por
la mañana y otra por la tarde; mas hoy que la piedad de los fieles
está más desarrollada y las limosnas por consecuencia son mayores,
resulta que ponen las Efigies con mucho lujo y gusto y un numero
de cirios excesivo, de tal modo que necesitan para enceder media
hora el sacristan y monacillos y que ademas han añadido despues
de Manifestar rezar la estación del Santisimo Rosario, las
letanias con la música y siete coplas acompañadas también de la
música, resulta que se principia a las tres y media por la tarde y
se concluye al obscurecer.
La función del dia de la Virgen principia al amanecer con
repique de campanas y dura la función hasta las 12, y a las 3 se
principia hasta la oración, y luego la procesión desde las siete
de la noche hasta las 12 y media o 1 de la madrugada siguiente,
pagando solo por este gran trabajo 71 reales de la función que es
lo que tiene en el arancel, las de Manifiesto por la mañana y
tarde, y 66 reales por la procesión que dura toda la noche.
De dos años a esta parte remuneraban estos servicios
Parroquiales y a los confesores el gran trabajo que daban por la
mañana con las asistencias unos años de Maitines, otros de Tercia
y Visperas, procesión claustral, absolución papal, calendas y
demás; mas ya desde la epoca citada todo se ha retirado y no hacen
más que la función sencilla con aparato de función de primera
clase y destinando sus grandes medios a los articulos de flores,
un inmenso número de velas, cirios para un consumo atroz de
quinientos o más hermanos y muchísimos convidados que los
encienden al salir la procesión y los entregan casi consumidos sin
haber echado el tiempo que dura la estación más que hablar, jugar
y reir cuando no sean irreverencias como las de parar las Efigies
para cantar unas coplas que llaman zaetas, hacerle retroceder
algunos pasos con pujas al que diere mas volviendo la Efigie a la
casa que ofrece un duro y otras cosas por este estilo.
Este estado de cosas pudiera remediarse si Su Sria. se
sirviera mandar que los cultos parroquiales se pagaran con arreglo
a funciones de primera clase, anteponiendose a los excesivos
gastos de lujo y de la llamada procesión, determinando que para
que esta saliera habia de ser con la devoción, compostura y
respeto que se debe a las Sagradas Efigies, y precediendo o
mandando que la función religiosa fuera proporcionada a la
asuntuosidad de los adornos de los pasos y gastos de la procesión,
con el piadoso fin de llamar la atención de los cofrades hacia el
culto esencial de sus Efigies, observando y arreglandose a los
estatutos en esta parte con objeto de exterminar este pernicioso
gusto a las exterioridades y rivalidades mundanas que es el que
esencialmente se observa que predomina en los individuos de estas
Corporaciones. La voz del Párroco que constantemente los llama en
las ocasiones oportunas al objeto principal a que deben dirigir su
culto, confies Yltmo. Sr. que no es bastante y que se buscan a
proposito mil medios para contrariar los efectos saludables que
produjeran sus doctrinas..."
DOCUMENTO 2.-
Copia de las "Reglas que deben practicarse en las procesiones"
remitidas al Vicario General del Arzobispado de Sevilla. Fecha:
28-29 de marzo de 1.858. Se conserva en el Archivo General del
Arzobispado de Sevilla (Legajo 283. Sección 2ª.- Serie. Asuntos
Despachados).
"En la villa de la Puebla de Cazalla, a veinte y
ocho de marzo de mil ochocientos cincuenta y ocho, el Sr. D. José
Mª Cazalla, cura de esta Yglesia Parroquial por ante mi el
Notario, dijo: que con gran sentimiento habia visto la poca
devoción que se habia observado en la procesión de Ntra. Madre y
Sra. de los Dolores, que habia hecho su estación en la noche
anterior, especialmente en calle Mesones, en donde tuvo que
reprender agriamente a los grupos que se hallaban en las esquinas
y a otros que hiban en la procesión.
Tamaños males no pueden pasar desapercibidos entre cristianos y
para remediarlos en lo sucesivo su merced mandó se instruyese este
expediente, que inmediatamente se convoquen a las Diputaciones de
la ante dicha Hermandad, la de Ntro. Padre Jesús y la del Sr. de
la Vera Cruz con el objeto de que sean exortados y que si estas
dos ultimas solicitan la licencia porque piensen sacar sus efigies
en procesión como especifican las reglas, bajo las cuales puede
este curato autorizar dichas licencias, asi lo mandó y firmó su
mrd. de que yo el Notario certifico.- Juan Rodriguez, Pbro. Notº.-
José Maria Cazalla.
"Junta.- En la villa de la Puebla de
Cazalla, a veinte y nueve de marzo de mil ochocientos cincuenta y
ocho, el Sor. D. José Maria Cazalla con mi asistencia se
constituyó en la Sala de Conferencias cita en la Yglesia
Parroquial de esta villa y siendo la hora de las doce se
presentaron D. Francisco Bohorquez, D. Francisco Andrades y
Arcadio Rayas representando la Diputación de la Hermandad de Ntro.
Padre Jesús, D. Fernando Andrades Domenes, D. Antonio Diaz y D.
Juan Contreras, en representación de la del Sr. de la Vera Cruz no
habiendo asistido ninguno de los Diputados de la Hermandad de
Ntra. Sra. de los Dolores, a pesar de haber sido citados y siendo
como la una de la tarde su mrd. les dirijió las siguientes
palabras: "Los abusos observados en la noche anterior en la
procesión de Ntra. Sra. de los Dolores es la causa que me mueve a
molestaros a fin de que desaparezca esa costumbre introducida
volviendo las Santas Efigies en las calles y plazas parandolas a
su antojo, retrocediendolas cuatro franaticos borrachos o
libertinos que a nuestro pesar se apoderan de ellas: no hay
silencio, devoción ni respeto a nadie; no se reza nada en toda la
estación; en las aceras se paran jovenes sin educación que se
arrojan a las mugeres como bestias feroces; en una palabra, solo
reina el fanatismo, la idolatria y la licencia, ahora bien en este
caso necesito de vuestra cooperación para estinguir tamaños males,
si es que os lamentais como yo sobre cuyos particulares os pido
manifesteis vuestro dictámen, y en caso de conformidad de comun
acuerdo adoptar las medidas conducentes para conseguir tan
sagrados objetos. Por los individuos de las Corporaciones se
confesó la certeza en todos los hechos que deja citados su mrd., y
su deseo de que pudieran remediarse tales males, impetrandose por
todos la cooperación de la Autoridad del Sr. Alcalde y acto
seguido se procedió a fijar las reglas que deben practicarse en
las procesiones tanto en la del Sr. de la Vera Cruz como en la de
Ntro. Padre Jesús Nazareno, que son las siguientes:
1ª.- Que el Sr. Cura no ha de espedir la licencia hasta obtener
del Sr. Alcalde la seguridad de su cooperación según queda dicho
anteriormente.
2ª.- Que obtenida dicha seguridad desde luego será concedida la
licencia del Sr. Cura a condición de que las efigies las lleven
hermanos muy devotos que obedezcan sin disputas al Diputado
encargado en el paso; o hombres pagados que aseguran mas la
obediencia al Diputado citado.
3ª.- Que no se hagan mas paradas que las precisas para el
descanso o muda de los hombres que lleven los pasos.
4ª.- No se permitirá que ningún borracho bajo el pretexto de
cantar zaetas penetre en la procesión para colocarse como
acostumbra frente de las efigies.
5ª.- Que de trecho en trecho se coloquen hermanos ancianos los
que irán rezando por toda la estación.
6ª.- Los Diputados irán continuamente poniendo orden, silencio
y devoción.
7ª.- Entre la cruz y la parroquia hasta la Santa Efigie cuidará
el Diputado del paso no vaya nadie más que el clero y los
cantores, prohibiendo el Diputado del paso a esos fanaticos que
por su fervor mal entendido interrumpan el orden que a todo trance
debe sostenerse.
Finalmente, la falta de cumplimiento a estas reglas podrá la
Diputación denunciarla al Sr. cura y de cualquiera otra que
adviertieren podrán recurrir en queja a la Autoridad local por ser
la competente. En cuyos terminos se dio por terminado el acto que
firman todos los concurrentes de que yo el Notº certifico.- (José
Maria Cazalla.- Fernando Andrades.- Francisco Bohorquez.- Antonio
Diaz.- Juan Contreras.- Arcadio Raya Barrera.- Francisco Andrade.-
Juan Rodriguez, Pbro. Notº.-)."
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TERTULIA COFRADE EL ESTANDARTE
1997; pág 9

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