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VIVENCIAS DE UN PREGONERO

TEXTO; Manuel Cano Guerra

Pregonero 2003 Semana Santa de la Puebla de Cazalla

                          

                         Ha pasado casi un año, y creo que es el momento de hacer una reflexión de lo que ha significado para mi humilde persona, el poder ostentar el titulo que con orgullo llevare de por vida, PREGONERO DE LA Semana Santa DE LA PUEBLA". Al igual que comencé mi pregón, es imposible pagar con una sencilla palabra, lo que no tiene precio. Y para mí, no tiene precio, de la manera que los cofrades de este pueblo me habéis acogido entre vosotros, antes y después del pregón, como uno mas de vosotros, hacién­dome sentir como un morisco más.

 

                      No tiene precio de la forma que mis buenos amigos de la Tertulia Cofrade El Estandarte me hicieron pasar una de las Semanas Santas más inolvidables de mi vida, pudiendo vivir las entradas y salidas de las cofradías, los sitios claves por excelencia de cada una de ellas. No tiene precio, el haberme podido emocionar como uno mas de vosotros, ante la impotencia de ver como la lluvia hacia retornar a la parroquia los pasos de mi hermandad de la borriquita, y comprobar como los corazones infantiles de los nazarenitos de la misma lloraban igual que el cielo aquella tarde de Domingo de Ramos.

 

                      El año pasado no pudo ser, pero este año, si Tu quieres Señor,  tendré la oportunidad de verte caminar Cautivo y maniatado por las calles de tu pueblo. No es posible pagar, el privilegio que me supu­so la tarde del Jueves Santo, bajo las bóvedas del convento, el poder agarrar con mis pobres e indignas manos, primero, el llamador del paso del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, y posteriormente, el de su bendita madre de la Soledad, siempre habrá un lugar en mi corazón para vosotros, os estaré endeudado de por vida, hermanos de Vera Cruz.

 

                     A la hermandad de Jesús, pedir disculpas, ya que me fue imposible estar presente en vuestra estación de penitencia, os tuve en mi mente mientras yo hacia la mía a tan solo 17 kilómetros de distancia. La noche del Viernes Santo, a pesar de estar agotado tras mi larga estación de penitencia, acompañando a mi Cristo Nazareno y mi Virgen de los Dolores, no quise perderme la salida procesional de la Hermandad de los Dolores. Presencie la dificultosa salida de su paso de palio, el andar señero de la urna dora­da, que cobija el cuerpo yacente del Santísimo Cristo de la Aguas, la devoción de un pueblo a su bendita madre de los Dolores.

                       Tal y como iba avanzando la noche, mas quería embriagarme de Semana Santa. Tuve la oportunidad de presidir con los miembros de San José, en la misma puerta de su ermita, la ofrenda floral a la hermandad de los Dolores, y presenciar el maravilloso techo de palio que es para la Virgen, el arco de la ermita. Que maravillosos y envidiables recuerdos me trae tu morada Señor San José, fue allí, en la puerta de tu ermita, donde me brindaron la oportunidad de tocar el llamador, y levantar, primero el paso de la reina y señora de la noche del Viernes Santo morisco, de la Virgen de los Dolores, y meses mas tarde, concreta­mente en el caluroso agosto el paso de la Madre y Patrona de la Puebla, de la Santísima Virgen de las Virtudes.

 

Es como os decía al principio, como voy a pagar con una sencilla y simple palabra lo que para mí, no tiene precio.


 

 

     

REVISTA Nº 10   2004

 

 



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