Vivencia Costalera

                                     Texto: Manuel Cano Guerra

 

                     He estado más de dieciséis años emocionándome debajo de las trabajaderas. El dolor, la alegría, el sudor y el apoyo que he sentido cada estación de penitencia, me confunden y me impiden distinguir entre la devo­ción y la afición. Tras una infancia no muy cercana del clamor cofrade, descubrí el sentido de la Semana Santa y del ser costalero a los quince años, bajo el paso de palio de una de las imágenes de mi devoción, y en ese mismo momento prometí que mientras pudiera, me pondría el costal y la faja de penitencia cada primavera.

                 He pasado por las trabajaderas de varias her­mandades, han sido muchas las horas de entradas y salidas, de vítores y mecidas, de sufrimiento y devoción, "donde se da todo a cambio de nada".

A través de los tupidos respiraderos el ambiente se ha intuido en la voz del capataz, al golpe del martillo las respiraciones se han contado por segundos, el reducido espacio físico ha reforzado siempre el compañerismo, ha dado tiempo a pensar en todo, a llorar, a reír y a compartir con el resto de mis hermanos de cuadrilla. La vivencia de un costalero contrasta con la soledad del nazareno y del capataz. A mis treinta y siete años, uno de los mayores orgullos de mi vida es el haber sido costalero, y no presumo de tener anchas espaldas y brazos fuertes, sino de sentir profundamente el espíri­tu de la Semana Santa.

 

                 Hace varios años, por motivos de enfermedad tuve que cumplir una promesa que hice, y qui­siera no haber cumplido nunca, "cuando no pueda resistir una levanta a pulso y una salida de rodillas, cambiare el costal y la faja de penitencia, por la túnica nazarena".

Que suerte la vuestra, que aun seguís siendo costaleros, y podéis estar bajo sus trabajaderas, por que cada chicota tiene una recompen­sa bulliciosa, aunque el premio final esta en la señal que se adivina bajo el cuello del costale­ro que se inclina respetuoso, para despedirse hasta la próxima Semana Santa de la imagen de su devoción.

 

 

REVISTA; EL ESTANDARTE Nº 11  La Puebla de Cazalla   2005

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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