El convento
está majestuoso, cargado de pasos de Semana Santa, la Virgen de
los Dolores contempla ensimismada el Milagro que se va a
producir, porque la pobre no puede ver el suyo propio. Los
costaleros de la Virgen de las Lágrimas tienen las caras
hieráticas, inexpresivas, como si fueran a pasar por un túnel en
el que solo ellos y la Virgen son los verdaderos protagonistas.
Nuestro Padre Jesús ya ha salido, con la complicación extrema
de su esplendoroso paso entre las puertas de la Casa de Dios.
Ya han sonado las saetas, la mañana empieza su alborozo pero
poco a poco como peleando entre la penumbra con la luna y la
noche que no quieren pasar porque lo quieren ver todo.
Los nazarenos morados discurren por el Convento, los pasos de la
Hermandad de Vera+Cruz están solemnes, con ese caché que les da
el haber terminado ya su magnífica Estación de Penitencia.
Parece que están plantados en el suelo del Convento, como si ahí
hubieran estado siempre, cómodos, satisfechos y alegres.
Siguen pasando nazarenos y la Virgen de los Dolores y el
Santísimo Cristo de las Aguas parecen que se quieren asomar a la
puerta, ¿Que esta pasando ahí? Que pena no poder explicárselo y
que Ellos lo vean. Jesús ya salió y los costaleros de la Virgen
de las Lágrimas bañan sus nervios repartiendo unas pequeñas
fotos que su Hermandad les ha dado con la Imagen de sus amores.
No sé en ese momento si sus madres desde sus casas o desde la
puerta del Convento tienen su corazón conectado a ellos de tal
manera que empiezan a decirle, levántame que quiero que el
pueblo me vea. Y suenan los toques de llamador. El maestro
Antonio Moreno da los aldabonazos y las órdenes oportunas para
que sus niños levanten el faldón y empiecen a entrar en la
Gloria. ¿Se puede estar más cerca de la Virgen María que así?,
¿Se puede sentir más el Amor que profesa a todos los Cristianos
que sintiendo su peso en el costal?; creo firmemente que no, que
el reflejo de amor más puro que se puede expresar hacia María
Santísima es llevarla sobre nuestros hombros.
La primera levantá, el Convento estalla en aplausos, el run run
indescifrable de los pies de sus amados hijos costaleros
empiezan a escucharse sin pausa. La Virgen de las Lágrimas está
en la puerta del Convento, y los que están fuera se preguntan,
pero cómo va a salir por ahí, si la puerta es muy estrecha. Pero
llega el Milagro, el paso se pone de rodillas, y empieza a
salir, muy tranquilos, poquito a poco, menos paso, menos paso,
¡Hay en Semana Santa algo más bonito que eso!; Ese esfuerzo
humano consagrado hacia una causa divina es una mezcla de
sentimientos que hacen surgir un evento maravilloso. El último
varal ya está en la puerta del Convento y la gente empieza a
aplaudir, la Santísima Virgen ya está en la Calle, el alborozo
es completo, los costaleros bajan a la Tierra de nuevo para
encontrarse con la alegría del trabajo bien hecho y la Virgen
María incrustada en las almas de nuestras madres de carne,
levanta el faldón y nos da la enhorabuena, y nos besa y nos
saluda y nos anima.
¿Es esto un
milagro humano, o tiene algo de divino?; sinceramente creo que
trozos de extrañeza tiene, esa complicación tan bien salvada
llegando a la perfección no es humana, la Virgen interviene, y
le pido con todo mi corazón que siga interviniendo. Y luego
sigue su recorrido, y se luce y se recrea y llega a su Guardería
donde la esperan sus ancianos, y allí se ríe, disfruta y
llena de vida y alegría los ancianos de La Puebla, que son sus
hijos y además los que llevan más tiempo conociéndola, con los
que tiene más confianza. Es un disfrute el recorrido de la
Virgen de las Lágrimas, el momento culminante es cuando llega al
Convento de vuelta, cuando entra en la Plaza y le da el sol en
la cara esa Imagen deja de ser de este mundo para convertirse en
divina, en sobrehumano, se la ve sonriendo y a la vez triste
porque su paseo se acaba. Sus costaleros les dan los finales
esfuerzos y ella se lo agradece con su sonrisa; que bonito. Y
llega el final y de nuevo con maestría sus hijos la introducen
en el Convento, y la Virgen de los Dolores empieza a ponerse
nerviosa, y los costaleros han disfrutado de su Madre, y han
vivido su fe, y la han practicado, y han dado amor, y lo han
recibido.