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RAFAEL RAYA CÁRDENAS

A LA MEMORIA DE RAFAEL RAYA CÁRDENAS.

Ex-hermano Mayor de la Hdad. de Ntro. Padre Jesús, Mª Stma. de las Lágrimas y San Juan Evangelista

TEXTO; Alejandro Barrero Raya

 

                  El convento está majestuoso, cargado de pasos de Semana Santa, la Virgen de los Dolores contempla ensimismada el Milagro que se va a producir, porque la pobre no puede ver el suyo propio. Los costaleros de la Virgen de las Lágrimas tienen las caras hieráticas, inexpresivas, como si fueran a pasar por un túnel en el que solo ellos y la Virgen son los verdaderos protagonistas.

 

                 Nuestro Padre Jesús ya ha salido, con la com­plicación extrema de su esplendoroso  paso entre las puertas de la Casa de Dios. Ya han sonado las saetas, la mañana empieza su albo­rozo pero poco a poco como peleando entre la penumbra con la luna y la noche que no quie­ren pasar porque lo quieren ver todo.

 

                Los nazarenos morados discurren por el Convento, los pasos de la Hermandad de Vera+Cruz están solemnes, con ese caché que les da el haber terminado ya su magnífica Estación de Penitencia. Parece que están plantados en el suelo del Convento, como si ahí hubieran estado siempre, cómodos, satisfe­chos y alegres.

 

                Siguen pasando nazarenos y la Virgen de los Dolores y el Santísimo Cristo de las Aguas parecen que se quieren asomar a la puerta, ¿Que esta pasando ahí? Que pena no poder explicárselo y que Ellos lo vean. Jesús ya salió y los costaleros de la Virgen de las Lágrimas bañan sus nervios repartiendo unas pequeñas fotos que su Hermandad les ha dado con la Imagen de sus amores.

 

                       No sé en ese momento si sus madres desde sus casas o desde la puerta del Convento tienen su corazón conectado a ellos de tal manera que empiezan a decirle, levántame que quiero que el pueblo me vea. Y suenan los toques de llamador. El maestro Antonio Moreno da los aldabonazos y las órdenes oportunas para que sus niños levanten el faldón y empiecen a entrar en la Gloria. ¿Se puede estar más cerca de la Virgen María que así?, ¿Se puede sentir más el Amor que profe­sa a todos los Cristianos que sintiendo su peso en el costal?; creo firmemente que no, que el reflejo de amor más puro que se puede expresar hacia María Santísima es llevarla sobre nuestros hombros.

 

                     La primera levantá, el Convento estalla en aplausos, el run run indescifrable de los pies de sus amados hijos costaleros empiezan a escucharse sin pausa. La Virgen de las Lágrimas está en la puerta del Convento, y los que están fuera se preguntan, pero cómo va a salir por ahí, si la puerta es muy estrecha. Pero llega el Milagro, el paso se pone de rodi­llas, y empieza a salir, muy tranquilos, poquito a poco, menos paso, menos paso, ¡Hay en Semana Santa algo más bonito que eso!; Ese esfuerzo humano consagrado hacia una causa divina es una mezcla de sentimientos que hacen surgir un evento maravilloso. El último varal ya está en la puerta del Convento y la gente empieza a aplaudir, la Santísima Virgen ya está en la Calle, el alborozo es completo, los costaleros bajan a la Tierra de nuevo para encontrarse con la alegría del trabajo bien hecho y la Virgen María incrustada en las almas de nuestras madres de carne, levanta el faldón y nos da la enhorabuena, y nos besa y nos saluda y nos anima.

 

¿Es esto un milagro humano, o tiene algo de divino?; sinceramente creo que trozos de extrañeza tiene, esa complicación tan bien sal­vada llegando a la perfección no es humana, la Virgen interviene, y le pido con todo mi corazón que siga interviniendo. Y luego sigue su recorrido, y se luce y se recrea y llega a su Guardería donde la esperan sus ancianos, y allí se ríe, disfruta y llena de vida y alegría los ancianos de La Puebla, que son sus hijos y además los que llevan más tiempo conociéndola, con los que tiene más confianza. Es un disfrute el recorrido de la Virgen de las Lágrimas, el momento culminante es cuando llega al Convento de vuelta, cuando entra en la Plaza y le da el sol en la cara esa Imagen deja de ser de este mundo para convertirse en divina, en sobrehumano, se la ve sonriendo y a la vez triste porque su paseo se acaba. Sus cos­taleros les dan los finales esfuerzos y ella se lo agradece con su sonrisa; que bonito. Y llega el final y de nuevo con maestría sus hijos la introducen en el Convento, y la Virgen de los Dolores empieza a ponerse nerviosa, y los cos­taleros han disfrutado de su Madre, y han vivi­do su fe, y la han practicado, y han dado amor, y lo han recibido.


 

 

  REVISTA; EL ESTANDARTE Nº 10  La Puebla de Cazalla   2004

 


 

 

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