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PANTALEON ANDRADE NAVARRETE

1er.CLARINETE DE LA BANDA DE LA CRUZ ROJA DE SEVILLA

 

              El pasado día 14 de Febrero, con una tarde primave­ral en la que el azahar quiere empezar a florecer, el incienso y el olor a cera se quiere dejar oler en el am­biente, cogí el coche y me dirigí hacia el Aljarafe. Allí me encontré con un mo­risco, músico y cofrade: Pantaleón. Músico por devoción y amor a la Sema­na Santa y como no por amor a la Santísima Virgen María en sus distintas advocaciones. Tras llegar a su hogar contemplé una casa completamente llena de recuerdos de sus hijos, todos los cuadros que adornan su hogar han sido realizados por sus distintos hijos, cuadros, cerámicas, etc. Me enseñó su casa, desde la cual se podía observar su lugar de trabajo durante 18 años Palomares del Río y el lugar de su trabajo de siempre, Sevilla, donde aunque cada vez menos pe­ro sigue haciendo sus pinitos detrás de algún palio o imagen de gloria.

Pantaleón nace en La Puebla hace aproximadamente 60 años. Des­de muy pequeño empieza a gustarle la música. A principio de los años 50 se organiza una banda en La Puebla. Fué formada por Curro Nuñez padre de Antonio Nuñez, concejal o alcalde de ese tiempo. En aquellos años la ban­da que tocaba en los distintos actos era una banda de Morón y por ello de­cide formar la banda. Se compraron los instrumentos de segunda mano. En­tonces tenía 9 ó 10 años.

El primer maestro de la banda fue Francisco Martínez Quesada, tras él llegó posteriormente Vicente Sanbenito Vidal. Aquellos primeros músicos aprendieron a tocar con partituras donde las notas se dividían en blancas, negras y redondas, eran partituras muy simples y armonizadas.

Pantaleón ya trabajaba en el despacho de una tienda, donde estu­diaba música sobre el mostrador mientras no había clientes. Tocaba en la banda después de trabajar, ensayando de dos a cuatro de la tarde. Empeza­ron a ensayar en el salón de Cuchilleja donde hacía ejercicios con el clari­nete y donde aprendió la escala. De allí se marcharon al edificio de la cár­cel, de ahí a los colegios de la Plaza Nueva y de allí al ambulatorio de la ca­lle Victoria. Ganaban en aquella época 6 reales al mes.

Curro Nuñez muere, Vicente se cansa de dirigir y enseñar, y gracias a la despreocupación de los demás y que el ayuntamiento no podía ni lo in­tentó, desaparece la banda a finales de los 50. Durante aquellos años en que existió la banda, Pantaleón recuerda haberle tocado a Jesús, a los Dolores y a San José en sus salidas desde la Ermita.

 

Cuando tenía alrededor de 20 años, formó parte un grupo de música llamado “Bolero”, formado por cinco componentes: Manolo García, Quico Peña, Corona, Manolito Calabazo y él. El casino artesano los contrata ,pa­ra fortalecer el grupo traen un músico muy bueno de Morón.

También tocan en el “Mesón”pero durante poco tiempo, pues no les gustaban los bailes modernos con la luz apagada, en los cuáles no se podía hablar y bailar al mismo tiempo, solo llegan a tocar dos o tres veces. Con esa edad llega la época de los novias que junto con el servicio militar pro­vocaron la desaparición del grupo.

Tras volver del servicio militar trabaja en Banesto durante un año, cobrando letras, tras lo cual marcha a Alemania a trabajar, siendo su lugar de trabajo cubierto por Tiburcio, que ha permanecido en dicho puesto has­ta hace poco años. En Alemania trabaja de picapedrero, basurero y tras ello comienza a trabajar en una fábrica y los fines de semana trabaja en la Sala Salamandra donde había una pequeña filarmónica donde empieza a tocar gracias a que el tenía un saxofón y un clarinete. En Alemania en su tiempo libre estudia contabilidad y calculo por correspondencia.

Tras volver de Alemania y gracias a los estudios realizados de con­tabilidad y calculo se presenta a una oposición para la Caja Rural y las aprueba, permaneciendo durante quince años en las oficinas de La Puebla. Durante ese tiempo colaboró con las cuatro hermandades. Manolo García, gran amigo suyo, lo llevó a la hermandad de la Borriquita. No llegó a tener cargo ni vestirse de nazareno pero mostraba su fervor mariano, ya que siem­pre acompañaba durante su estación de penitencia a las cuatro imágenes de La Puebla.

Debido a la enfermedad de uno de sus hijos, Raul, marcha a Sevilla, pues debía llevar a su hijo a un médico en el barrio de Los Remedios varias veces por semana. Allí se establece en un piso que le deja un buen amigo su­yo de Morón y en el trabajo lo destinan a Palomares del Río, donde estará dieciocho años.

Una vez establecido en Sevilla le entra de nuevo el gusanillo de la música. Busca en la guía de teléfonos y contacta para tocar en la Banda Mu­nicipal de Sevilla. Él había estudiado cuatro partes de Eslava y Solfeo, pero le exigían cinco años de solfeo, más otros cinco años de estudio. El había es­tudiado por libre y para entrar se debía presentar a oposición. Su amigo José Albero, con el que coincide en la Banda Municipal, se lo llevó a hacer una prueba y se lo presentó a Enrique García (Profesor de Fagot en la ban­da Municipal y llevaba además la Cruz Roja), entrando a formar parte des­de ese momento de la Cruz Roja como Clarinete Principal, realizando in­cluso “los solos” de las marchas desde el primer momento. Esto ocurría en el año 82.

Cuando empieza a tocar en la Cruz Roja, los músicos de clarinete que estudiaban tercero y cuarto de instrumento le preguntaban que donde había estudiado a lo que el contestaba que en su casa.

 

Sus amigos de la banda lo apuntan y convencen para que se presen­te a examen para que le convaliden los estudios que había realizado por li­bre, se presenta a las pruebas del instrumento y de los cuatro años que el había estudiado le aprueban tres, debido a la deformación que poseía. Sus amigos de la banda le ayudan a corregir esos errores, con lo cual realiza cuarto de instrumento en un año y quinto en dos, siendo ahí donde abando­na los estudios.

¿Qué te apasiona de la Semana Santa?

Durante estos años lo que más he admirado era las distintas imáge­nes a las que he acompañado. En mi libro de partituras poseo más de dos­cientas marchas dedicadas a la Virgen. He tocado marchas de López Farfán, Borrero, Fulgencio Morón, etc.

He tocado detrás de la Paz, Consolación, Dolores, Subterráneo, Gracia y Esperanza, Trinidad, Guadalupe, Mayor Dolor, Rocío, Rosario de Montensión, Hiniesta, Esperanza de Triana... eso en Sevilla, pero también he tocado en Alcalá del Río el Jueves Santo mañana y tarde; y el Martes en la Algaba a la Virgen de lo Dolores. Durante la Semana Santa recuerdo haber tocado más de 100 horas, pues he tocado en las Hermandades de Sevilla que hacen la estación de penitencia más larga. También he tocado en el Corpus, Reyes Magos y tras muchas imágenes de gloria como María Auxiliadora de Triana.

¿Tiene alguna preferida?

Una de las imágenes que más venero es la dolorosa de San Julian, la Virgen de la Hiniesta. He tocado tras la Esperanza de Triana durante diez años. En esos años recogían chicos de los pueblos que estuvieran en el con­servatorio para reforzar y dividían en dos durante la Semana Santa. Cada Madrugada engañaba a Enrique García para ir a tocar a la Esperanza de Triana. Muchos compañeros no querían ir porque lleva el mismo ritmo de marchas desde que sale hasta que entra y eso era un palizón, pero a mi me encantaba. Tras esos diez años se forma la banda de Camas por un músico soriano, que era Clarinete principal, y se incorpora dicha banda al palio de la Esperanza de Triana.

También he tocado música de capilla delante del Cristo de la Fun­dación de los Negritos, San Bernardo y el Cristo de la Sed. Además he par­ticipado en muchos conciertos tanto de Banda de música como de música de Capilla.

¿Has recibido alguna distinciones en tu vida?

Nunca he recibido ningún trofeo o algo parecido. Pero en una mesa del salón junto a una foto donde se encuentra toda la familia, tengo una placa que guardo con mucho amor. En el año 97, Manoli Bohorquez se pone en contracto conmigo, para ver si la Cruz Roja podía dar un concierto de marchas procesionales en La Puebla, lo expuse a la banda y todos los músicos aceptan encantados ir a conocer “el pueblo de Pantaleón”. Por problemas de enfermedad él no puede venir el domingo 16 de Marzo. Como agradecimiento el ayuntamiento como recuerdo de ese día le entrega una placa, que recoge su hijo Arturo durante el concierto.

 

En Palomares trabaja en la Caja Rural durante dieciocho años. Es­tando allí visita la iglesia donde se encuentra la Virgen de la Estrella, Patro­na de Palomares de la cual se queda prendado nada más verla, pero la imá­gen estaba muy estropeada.

Convence a su amigo Manuel Caballero, que pinta muchos cuadros para la obra , para que se lleve la imagen y la restaure. Manuel Caballero restaura la Virgen y no cobra nada, pero le pide a él que le ponga a la Virgen unos pendientes de oro y no unos de bisutería. Pantaleón no sabía como, en­tonces Manolo le dice que en el mostrador del banco podía decirle a las per­sonas que pasarán por allí que le entregaran anillos rotos, pendientes des-hermanados, etc, y con el oro que obtuviese se podrían hacer los pendientes.

Efectivamente las personas fueron buscando y trajeron trozos de oro hasta recoger treinta gramos, con los cuales se le hicieron dos pendientes y tres anillos e incluso llegó a recoger oro en La Puebla, de los padres de Fá­tima y Mª Jesús.

El orfebre que realiza los pendientes no cobra nada e incluso rega­la las piedras de los pendientes y el restaurador cobra en especies, pues su madre estaba en enferma y se recuperó de la enfermedad. Ahora Gonzalo Merencio, tallista del nuevo paso del Cristo de la Vera-Cruz y de Ntro. Pa­dre Jesús en su Triunfal Entrada de Jesus en Jerusalén, amigo de Pantaleón

 

le está haciendo los candelabros para la Virgen de la Estrella. Le en­cantaría que su hijo Raúl, totalmen­te recuperado de la enfermedad que lo hizo emigrar a Sevilla, ceramista y tallista pudiera aprender y formar parte del taller de Gonzalo Meren­cio, el cual vive a unos metros de su taller.

Pantaleón en los último años va acumulando diversos moti­vos de salud, un gran estrés en el trabajo que llega incluso a provo­carle cuatro úlceras de estómago, e incluso quedarse completamente afónico asiduamente.

Después de varios años tie­ne que abandonar su trabajo y lo que ha sido su vida durante tantos años la música y su Cruz Roja, aun­que últimamente quiere volver, pero llevándolo de forma más tranquila.

Pero para Pantaleón la música no muere, la sigue llevando otro com­ponente de la Cruz Roja, su hijo Arturo. Su hijo empezó en la música a los catorce años. La primera vez que le dió el clarinete le tocó la primera y la segunda escala, entonces el estaba dando solfeo en la escuela y lo apuntó al

conservatorio. Ha estudiado cuarto de solfeo y tercero de instrumento com­paginando con la carrera de ingeniero.

La noche se nos ha echado encima, podríamos seguir charlando de muchísimas cosas más pero Pantaleón tiene que ir a misa. No quiere dejar pasar la ocasión y cerrar la tarde con un broche de oro, Pantaleón saca su clarinete. Con el aroma fresco del anochecer y los sones que aún varias se­manas después de aquel encuentro aún perduran en mi mente, nos despedi­mos con la saeta del Cachorro interpretada por su clarinete, que un día compró en Alemania.

 

Texto; Manuel Cabello Cobo 4Marzo2000

 REVISTA 2000

 

 


 

 

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