En lo
más hondo de nuestra sensibilidad sentimos una extraña
sensación de orfandad y de nostalgias.
Se
fue Manolo Orellana, con sus ojos puestos en su Virgen de la
Soledad, a todos los hermanos de la Vera-Cruz, nos invadió un
sentimiento de desamparo y abandono, una profunda tristeza por
la irremediable pérdida de alguien muy querido.

En
plena madurez de una vida consagrada al trabajo, al prójimo y
a su Hermandad, donde ha vivido mucho y no cesó en su labor de
siembra calladamente. Se hará difícil olvidar a Manolo porque
gracias a su constancia, su saber, su trabajo, su vida,
podemos contar con una Hermandad viva, porque puso todo su
empeño en momentos difíciles y sobre todo animó y comprometió
a los jóvenes para que esta Hermandad continúe en el futuro,
como hasta nuestros días.
Esos
jóvenes siempre recordarán el emocionante homenaje que se le
brindó con la imposición de la insignia de oro de la
Hermandad.
Más
que nunca recordamos sus detalles, sus formas, su sencillez,
todo un ejemplo de amor y entrega a su hermandad de la
Vera-Cruz, ahora, dirán de él muchas cosas buenas,
seguramente, ninguno de los elogios serán inmerecidos.
Serán
recuerdos en cualquier momento, en las tertulias, en la casa
de Hermandad, en los ensayos, en los cultos, en el potaje,
siempre junto al fuego preparando los garbanzos con su receta
especial, el montaje de los pasos, poniendo la cera, haciendo
las piñas de claveles para la soledad ... ¡Cuantos años!.
Para
todos los Hermanos que hemos trabajado con Manolo, este Jueves
Santo será muy especial, no es para menos, “su presencia” la
notaremos cada instante y seguro que él estará presente en
todo momento.
Cuando su hijo Manolo, me entregó esta fotografía que acompaña
al articulo, se me pusieron los vellos de punta, soy fácil de
emocionar, tragué saliva, lloré y recordé momentos, no serán
los únicos seguro.
Cuantas veces Manolo, habrá vestido a su Virgen, a nuestra
virgen de la Soledad, estando solo con ella, en ese cara a
cara, que se vuelve palpable y cercano, por eso mi querido
primo, yo no he tenido la suerte que tú has tenido de
disfrutar de esa familiaridad. Sabemos que es un trozo de
madera, una escultura a fin de cuentas, pero tú y yo sabemos
que es algo más. Tú sabes lo que es estar cerca de Ella y
seguro que esos momentos se te habrá escapado un Ave María y
le habrás mirado de reojo y has comprobado esos ojos abiertos.
A TI MANOLO QUE ESTÁS EN EL CIELO COMO CAPATAZ DE ESTA
HERMANDAD.